No resulta sencillo realizar procesos de planificación y acción como el descrito en soledad. El trabajo en equipo, así como contar con profesionales, allana el camino. Tener otros puntos de vista especializados o no especializados, apostar grupalmente por objetivos comunes o contar con un apoyo que nos ayude a darnos cuenta de más aspectos de nuestra realidad de los que no estamos siendo conscientes, resulta más efectivo y agradable a su vez.
Hemos visto cómo la pregunta es una herramienta muy útil bien utilizada, pero es mucho más efectiva cuando nos la realiza otra persona y de otra manera, porque nos ayuda a salir del bucle de pensamiento estandarizado que utilizamos (que genera siempre las mismas respuestas). Para eso nada mejor que un coach, una persona que va a apoyarnos para que seamos capaces de generar más consciencia sobre nuestra realidad y de responsabilizarnos de las acciones a emprender para modificar algún aspecto que no nos viene bien, sin perder en ningún momento nuestra capacidad de decisión, de guiar nuestra propia vida.
Sólo podemos controlar aquello de lo que somos conscientes, y aquello de lo que no somos conscientes nos controla a nosotros. La consciencia nos capacita. Para tomar consciencia necesitamos reunir y percibir con claridad los hechos relevantes y la información pertinente, para poder determinar qué es importante. La consciencia requiere inevitablemente autoconocimiento, especialmente en lo que se refiere a detectar cómo las emociones o los deseos distorsionan nuestra percepción.
Tenemos un mecanismo que busca continuamente reducir la consciencia para evitar la sobrecarga de información. La tarea de un coach consiste en elevar y en mantener dicha consciencia a un nivel adecuado en las áreas necesarias. Pero su labor no finaliza ahí. Es necesario implicar al coachee (persona que recibe Coaching), hacerle responsable del proceso.
Para implicar al coachee ha de entrar en juego su responsabilidad. La responsabilidad es crucial para un rendimiento alto. En el momento que aceptamos o asumimos la responsabilidad sobre lo que pensamos o hacemos, aumenta el compromiso y aumenta el rendimiento, a diferencia de cuando recibimos consejos u órdenes. Puede ser que si recibimos una orden respondamos de forma favorable, pero no suele optimizar el rendimiento. Si fracasamos, nos podemos sentir más bien culpables, pero no responsables. Para sentirnos realmente responsables de algo es imprescindible que hayamos tenido la posibilidad de elegirlo.
En términos generales, el recurso a la consciencia y a la responsabilidad que potencia el coaching se materializa en resultados tangibles como: mayor seguridad en nosotros mismos, mejores relaciones interpersonales y mayor productividad en nuestra actividad.

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